Quimioterapia al conflicto armado colombiano

Supóngase que nos afecta un cáncer que nos hemos buscado. Comida chatarra, cigarrillo, exceso de licor o de exposición al sol. Nos lo buscamos y ya está. Al terminar la consulta, el médico nos dice que aún este cáncer no significa muerte, que todavía estamos a tiempo pero hay que seguir un tratamiento juicioso.

Estaremos de acuerdo en que el plan a seguir es iniciar el tratamiento de inmediato: medicamentos, procedimientos, quimioterapia y,  por supuesto, descontinuar los hábitos que provocaron ese cáncer. Empezaremos pues a alimentarnos bien, a dejar de fumar, a bajar o eliminar el licor o la exposición al sol. Por más que nos lo hayamos buscado no queremos que este cáncer nos mate.

Pues bueno, en la parábola el cáncer son los grupos extremistas FARC y ELN; el paciente (abusador) son los círculos de poder en Colombia, y los malos hábitos se resumen en la exclusión social.

Los malos hábitos de un abusador.

Entiéndase por círculos de poder a los líderes políticos y empresariales, sobre todo esa aristocracia de unas cuantas familias capitalinas. Desde la Conquista, durante la Colonia y hasta en la República, la segregación social en Colombia es una realidad que en nuestros días se demuestra en los indicadores globales de inequidad. Los mestizos, negros e indígenas siguen siendo ciudadanos de segunda y tercera categoría, todavía hoy están tajantemente marginados de los colonos europeos –principalmente españoles- en términos de propiedad de la tierra, patrimonio económico, seguridad social, calidad educativa, acceso a empleos de calidad, etc. Es una realidad tácita que, aunque latente, no se menciona. Pensábamos que aquella diferencia racial de mestizos, mulatos, zambos, indígenas y negros se había quedado en las lecciones de historia de la instrucción primaria; la verdad es que son perfectamente aplicables a la actualidad.

El cáncer.

Esos ejércitos de guerrillas terroristas, llenos como están de mestizos y de zambos, de mulatos, de indígenas y negros, han heredado el resentimiento de cientos de años de abusos sin cese, de la expropiación sangrienta, el abuso del terrateniente y el latifundista. La indignación es mucha, como es mucha la ira. Fue un cáncer más que suficientemente buscado. Pero este cáncer no previene o regula esos malos hábitos del paciente abusador, ataca a las células de su misma clase que también sufren el comportamiento maligno de su dueño, como resultado tenemos en Colombia una población re victimizada que históricamente ha estado excluida y ahora es atacada por estos ejércitos cancerígenos que se revelan ¡contra ellas! Para la ciudadanía la violencia, la represión, la arbitrariedad y la desatención se elevaron al cuadrado.

Quizás la rabia de las FARC es justificada, pero sus métodos violentos están lejos de ser la solución. Hace tres décadas que el pueblo de Colombia no ve en las FARC a sus salvadores. Por el contrario, sus procedimientos –campos minados, caballos bomba, balones bomba- siembran el terror de los más desfavorecidos. Esto es la re victimización de las clases populares. Este cáncer es pues un conjunto de células que se degeneraron y se dedicaron a degradar a sus pares en una carrera morbosa de violencia sin escrúpulos. Las guerrillas no abogan por el pueblo colombiano sino que multiplican sus agravios.

Si el cáncer corrigiera…

Ya que su lucha es armada, ojalá las FARC se dedicaran a ajusticiar a los Santofimio Botero, a los Juan Manuel Santos, a los Samper Pizano, a los Nule, a los Samuel Moreno, a esos grandes traidores del pueblo; otra sería la opinión del público sobre ellos. Se vería al menos la búsqueda de justicia en sus actos, sería –aunque ilegítima- una forma de control al abuso. Pero no, a esas aristocracias excluyentes son a las que menos les afecta el conflicto. A veces hasta les conviene el desorden para pescar en río revuelto, o simplemente aprovechan las facilidades de las que gozan para trasladar sus capitales y desarrollar inversiones en otros países, lejos de la inestabilidad social, económica y humanitaria que trae la guerra… Y al final de cuentas no han aprendido nada, no han entendido las graves consecuencias de sus conductas, continúan en su descuido, agravando el cáncer, expresando su esnobismo, su violencia simbólica, su desprecio de las clases populares.

La instauración de un modelo socialista.

En enero de 2013 el presidente de Bolivia, el socialista, izquierdista, sindicalista e indigenista, Evo Morales, en medio de la Cumbre Celac expresó que “los hermanos de las Farc tienen que entender, en estos tiempos las revoluciones no se hacen con balas, sino con votos, las revoluciones se hacen en democracia, no con violencia”.

En el proceso de paz precedente, el que se adelantó en San Vicente del Caguán durante la presidencia de Andrés Pastrana, las FARC aprovecharon el terreno que se les dio para fortalecerse financiera y militarmente, recrudecieron el drama de la sociedad civil con sus acciones violentas. Hoy, siguen defraudando al país, todas las acciones –y hasta las palabras- de este grupo demuestran que no desean la reconciliación y la paz sino el poder y ahí viene el segundo problema: la intención de instaurar en Colombia un régimen “socialista”.

En cuanto al pensamiento político, las FARC son extremistas de la doctrina comunista. Así como el Estado Islámico sigue una doctrina fundamentalista basada en su interpretación del Corán, así mismo las FARC son una secta radical del mal llamado socialismo. El socialismo es un sistema tan malo que empobreció a la potente Rusia y más recientemente a Venezuela, que había sido tradicionalmente la nación más rica de Suramérica; y eso que siendo una modalidad moderna del socialismo, “el socialismo del siglo XXI” pudo aplazar su crisis por la buena suerte de los excepcionales precios altos que alcanzó el petróleo tras las intervenciones militares de Estados Unidos en Afganistán e Irak en 2001 y 2003, respectivamente.

El futuro.

Colombia necesita la paz, pero no parece que el proceso de La Habana se la produzca sin que a cambio ingrese en esa lista de naciones que causan lástima o que pagan cara su utopía socialista. Los voceros de las FARC reiteran que el resultado del proceso tiene que redundar en su control del poder público sin entregar las armas. Mal negocio, ¿no?

Nada qué hacer sino hacer frente a una guerrilla que, aunque con fines loables en sus inicios, optó por el trágico medio de la violencia. Mientras tanto, es una pena y es inmoral permitir que un pueblo padezca los embates de un grupo de milicianos arcaicos que ya con tantos muertos encima, debiendo esta vida y la otra en las calderas del infierno por sus atrocidades, lo único que tienen por negociar es un poco de placer ocupando el poder y asegurando su indemnidad aunque sea durante sus últimos días sobre la Tierra.

Este sería el primer país en desaparecer por causa del cambio climático.

Recientemente gana terreno la teoría de que la interacción colaborativa que se desarrolla en Internet constituye el quinto poder mundial, ubicando a las redes sociales solo un escalón después del periodismo tradicional que se considera la cuarta fuerza.

Para los académicos expertos en el tema, la Primavera Árabe -esa seguidilla de manifestaciones que derrocaron varias hegemonías en Medio Oriente entre 2010 y 2013- es el mejor ejemplo de las transformaciones sociales que llegan a provocar los contenidos que se comunican en la red.

Ante este nuevo panorama y entendiendo el peso las redes sociales como “nuevo jugador” en la toma de decisiones y en las relaciones de poder, han de cambiar también las maneras de desarrollar muchos procesos de la vida humana y -como parece obvio- el publicitario es uno de los primeros llamados a reacomodarse.

Un excelente ejemplo de esto es el de la campaña “Tuvalu” de la agencia publicitaria Grey Argentina para la marca de televisores LG Smart TV, que contó en el año 2015 con la participación del colombiano Juan Manuel Quintero. En esta se visibiliza la situación de un país del Pacífico Sur que teme su desaparición por causa del cambio climático. El mensaje rompe las barreras del anuncio tradicional y antes que procurar explícita o subliminalmente acelerar la decisión de compra por parte del espectador, logra transmitir los valores de la marca (sobre todo el valor de lo “smart” o inteligente) haciendo suya la causa de movilizar una petición global para frenar el cambio climático.

Este es el video desarrollado por Grey Argentina, en el que se expone la situación y se indica cómo apoyar la iniciativa:

#ayudemosatuvalu

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